miércoles, 7 de diciembre de 2011

Irwin Corey: El señor de Manhattan que Gerardo quería conocer

                                                                                                              Por Deisy Francis Mexidor
Lo buscamos incansablemente una tarde de octubre, en medio del tránsito imposible de la ciudad de Nueva York, pero ya no estaba en el lugar que suele hacer suyo cada día.
Habíamos establecido un compromiso con Gerardo Hernández, quien en la prisión de máxima seguridad de Victorville, California, donde cumple una injusta doble cadena perpetua, leyó en un diario The New York Times la hermosa historia de humanismo y solidaridad que protagoniza “un señor que se para desde hace 17 años en un semáforo de Manhattan”.
Ese “señor, dijo, es una leyenda del humorismo en Estados Unidos y pide limosnas para después comprar medicamentos para los niños de Cuba”.
La noticia en voz de Gerardo la escuchamos gracias a ese fluido intercambio que sostuvo el antiterrorista cubano con los integrantes de la compañía infantil La Colmenita, durante su gira por varias ciudades estadounidenses en octubre pasado.
Precisamente, uno de esos contactos telefónicos se produjo horas antes de la actuación del grupo en el barrio neoyorquino del Bronx. Se realizaba el montaje de los equipos, el ensayo final y se ajustaban los detalles de la función en el teatro del Centro Hostos para la Cultura y las Artes (un lugar que, por cierto, había agotado sus capacidades con varias jornadas de anticipación a la llegada de La Colmenita).
Justo al punto estaban esos menesteres cuando apareció celular en mano Alicia Jrapko, una de las organizadoras del periplo, invitándome a tomar nota del mensaje que Gerardo quería darme.
Así fue como el teléfono de Alicia se puso con micrófono abierto y nos enteramos todos del quién, dónde, cómo y por qué que incentivaron esta crónica.
La propuesta de Gerardo de indagar por “ese viejito de 97 años” se transformó en un plan de búsqueda inmediata, sin calcular distancias en un Nueva York atestado de autos y sin posibilidades de parqueo en buena parte de Manhattan. Incluso Carlos Alberto Cremata, el director de La Colmenita, sugirió la posibilidad de llevarlo a la función de esa noche en el Hostos.
Por eso Sheryl, la amiga que nos acompañaba asumió el reto de tratar de vencer más de 50 cuadras para llevarnos hasta la altura de la 35 Este en menos de una hora y retornar al teatro antes del comienzo de la actuación. Y alcanzamos la meta, pero él ya no estaba por ahí.
La curiosidad se transformó en tristeza, pero el fracaso momentáneo no mató la idea de nuestro trabajo periodístico, porque de alguna manera sabíamos que debía aparecer ese “hombre viejo que aborda a los choferes en el semáforo de la calle 35 Este de Manhattan, cerca de la Tercera Avenida”, según el reportaje del The New York Times.

UNA LEYENDA DEL HUMOR

El “simpático y desaliñado anciano”, como lo describió el periódico, es Irwin Corey, una leyenda del humor que carga sobre sus hombros una intensa vida que ya alcanzó los 97 años.
Camina auxiliado de un andador, con apariencia de cualquier homeless (sin casa) que sobrevive en la gran ciudad de los rascacielos; sin embargo, no es un mendigo.
Nació el 29 de julio de 1914 en Brooklyn en medio de la mayor pobreza, al punto de que sus padres se vieron obligados a colocarlo a él y a sus cinco hermanos en el Asilo de Huérfanos hebreo de Nueva York, donde permaneció hasta los 13 años de edad.
Tal vez ese origen marcó para siempre su infinito deseo por hacer el bien y alejar la tristeza.
Su carrera comenzó en 1943 en el circuito de Broadway. Desde entonces su nombre se ha ligado al humorismo, la actuación en películas y series de televisión, y además, al activismo político de izquierda.
Conocido como Profesor, se le da el crédito de haber inventado un estilo de comedia improvisada, incluso, el desaparecido comediante y crítico estadounidense Lenny Bruce lo definió como “uno de los humoristas más brillantes de todos los tiempos”.
Irwin Corey ha tenido el privilegio de trabajar junto a Jackie Gleason (1916-1987), una de las estrellas más populares de los primeros años de la televisión y el laureado director, guionista y actor, Woody Allen.
Mientras su impronta quedó en filmes como Stuck on you! (1983), de Michael Herz y Lloyd Kaufman; Car Wash (1976), de Michael Schultz, y How to Commit Marriage (1969) de Norman Panama, entre otros.
En la actualidad no tiene una vida de estrechez económica, pero despojado de toda vanidad y por voluntad propia ha dedicado los últimos 17 años de su existencia a vender periódicos a medio precio, leer a cambio de una propina o pedir limosnas en el semáforo de la calle 35 Este. Una actividad que también le espanta la soledad que le dejó con su muerte Fran, la esposa de siempre.
Lo que recauda (en ocasiones hasta 250 dólares diarios) lo dedica a un noble fin: comprar medicinas para los niños cubanos con lo cual desafía el bloqueo de más de cinco décadas impuesto por el gobierno de su país contra la isla antillana.
De hecho ha viajado a La Habana como portador de esta expresión humanitaria y conserva una foto (publicada en el Times) junto al líder de Revolución cubana en la que se lee, autografiado por el propio Fidel Castro, “con admiración, gratitud y afecto”.
Ahora un amigo, en Nueva York, acaba de encontrar a Corey.
Le contó cómo lo buscamos aquella tarde de octubre. Y confiesa mi amigo que el Profesor tiene la “imagen cándida de un señor viejo ya, que por debajo de su abrigo se le pueden ver unas alas muy grandes”, similar al personaje que suponían un ángel, nacido de la pluma del escritor Gabriel García Márquez.

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